Discurso en el depósito de objetos perdidos
Señor,
no entiendo el inventario de voces que respiran
debajo de las camas, temblando en las baldosas,
suspensas como niñas desnudas y minúsculas.
Señor,
comprendo al fugitivo que huye y no lamenta
los bultos juveniles, las pieles inaudibles
ahora que no alcanzo
ni rostros ni estupores que alzar del suelo puedan
las yemas de mis dedos,
las letras esparcidas con cálidos olvidos,
tesones guturales.
Señor,
las voces que bailaron con gozo de obertura
interrumpen sus pasos, vigilan la entrada,
esconden las herencias.
Señor,
las voces se reúnen, se agitan, se amontonan
dentro de las almohadas, muy cerca de los muelles.
2 Pulsaciones:
Tendrán que saltar para no ser aplastadas. No hay escondite para las v pérdidas; serán gaseadas.
Sobrecoge este texto.... besos
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