todas las piedras del huésped
Pronto seremos tres en esta habitación
polimorfa y perversa donde los estucados
parecen viejas marcas de clavos y torturas.
Este nuevo inquilino no sabe alimentarse
cerca de la quietud porque a diario desea
sembrar todas las piedras que hemos heredado.
Sembrar todas las piedras en zapatos, bolsillos;
recogiendo la tierra de las calles más sucias,
haciendo montoncitos de sustrato y ceniza.
Pues la siembra de piedras es un oficio antiguo,
limítrofe, escaso. Requiere sostener
un cariño constante, un riego, unas caricias.
Florecerán más tarde las piedras de este huésped,
deberemos comernos las raíces más tiernas
con mucha educación. El huésped necesita
un sustento exclusivo, y gestos bondadosos.