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Browne

Calambres Exquisitos

Allí donde otros exponen su obra yo sólo pretendo mostrar mi espíritu. Vivir no es otra cosa que arder en preguntas. No concibo la obra al margen de la vida(Artaud)

jueves, 5 de junio de 2008

Por un futuro de niñ@s

Casi siempre escribo en la distancia, con la mirada póstuma, entre la niebla de la memoria y lo evanescente del sueño o del chispazo, por el mundo del fogonazo, ese grupo de cosas tan fuera de límites que forman la realidad, y que siempre están ampliando sus miras.
Hoy al llegar a casa, me traje entre la costura de una de mis zapatillas y la suela, una pluma de paloma, era una pluma blanca, debió ser algo casual, como la cantidad de cosas eventuales que van asomando en una dirección determinada sobre la posición del andar de cada uno, en este caso de mis píes. Pero me he dicho, sin embargo, que ya está bien de libertades a medias, al volver de la calle Colón y la perpendicular Hernán Cortés, una conquista menos bárbara ha triunfado en mí, entregada a lo que quiera de ella. Y vamos a ver…, sería algo así, como una salida de emergencia a modo de butrón en la fachada. Aunque sea exagerar. Sí, algo que se busca en su línea media al doblar la gasolinera, tras la primera división de la célula, de la que me he ido alejando tanto. Algo así como, el homúnculo sensorio por el plan inherente.
No esgrimo ningún estandarte, voy con mis dedos haciendo cosquillas bajo los brazos en puño, en busca de nuevas posturas. Serán los propioceptores de mis manos…
“El viento de cara hace al hombre más prudente”…, ya no tomo café, aunque, algún sobrecito de azúcar guardo todavía de frases lapidarias. Vale, muy bien, monsieur G. Meurier, directa, concisa, pero si no se vive…Y en verdad, sí que se vive, y por dentro del tornado tras el viento que surge de una mirada quieta interna, uno, está vivo.

Menos mal, tenemos la suerte de que todo se vive, chicos, por esto no padezcáis.
Esta es una historia de Diógenes, un filósofo griego, filósofo es el que ama la sabiduría, y la encuentra en todas partes, de todo se puede aprender y de hecho se aprende.
Y dice:
Estaba el filósofo Diógenes cenando lentejas cuando le vio el filósofo Aristipo, que vivía confortablemente a base de adular, al rey, adular es hacer la pelota.
Y le dijo Aristipo: “Si aprendieras a ser sumiso con el rey, no tendrías que comer esa basura de lentejas”. A lo que replicó Diógenes: “Si hubieras tú aprendido a comer lentejas, no tendrías que adular al rey”

-¡Veas!
-Jajaja…Mira si es verdad.
-¿Os ha gustado?
-¡Síiii!
-¡Sí, está guay!
-¿Verdad?…Ahora mismo, hay unos chicos acampados, como nosotros pero quejándose, en valencia, en un parque, son de filosofía y es el campamento Diógenes…
-¡Ala!
-¿Y de qué se quejan?
-Ellos están estudiando filosofía, para dar clases cuando sean profesores, y les van a quitar horas de la asignatura, horas que darán menos a los de secundaria.
-¿De filosofía?
-Sí
-¿Y por qué se las quitan?
- Tienen mayores preocupaciones, o le dan mayor importancia a otras cosas, que a que, se piense.

(Los niños después de calmada la voz, susurro amigo, semiestado alfa, se revuelven, saliendo de un tranquilo lugar por el final del relato, ante una acción injusta, y demuestran otra vez, una vibración conjunta. Igual que no hace más de tres cuartos, cuando entré yo en la cabaña, me tocaron ocho nanos de once y trece, y con media sonrisa en el alma y cara medio enfadada, por los ruidos que salían, abrí la puerta… )

-Pero bueno, ¿qué significa esto?, ¿pero, qué narices está pasando?

(Los de la peña de los mayores el Isi y compañía, cierran la puerta. Hay otra puerta cerrada, en la que debe de estar uno. Dos o tres más pequeños corretean partiéndose por la entrada donde está mi cama, empezando a pasar también por ella, a saltos. No te puedes quedar preguntando o aceptando las respuestas del primero que agarras. )

-¿Pero, a qué viene, tanto escándalo?
-Yo, no lo sé.
-¡Sergio!, ¡Sergioo!

(Se me acerca uno corriendo, haciéndose aire con las manos en la boca)

-Sergio, que me queman los labios, que me queman los labios…
-Pero, ¿cómo que te queman los labios?, ¿qué te ha pasao?, ¿qué te has tomao?
-Una guindilla que me han dado estos… (Señala la puerta de los mayores, que ante el follón se medio abre).
-Pero bueno…
-Él quería probarla, nos la pidió él.
-Sí, es verdad, yo quería, pero como pica…

(El ambiente acaba por distendirse del todo, y ya todos nos reímos, hasta el propio afectado. )

-¿Y vosotros las habéis probado también?
-Claro, pero no ahora…
-Jajá jajá
-Mira Lucas…
-¿Qué?
-Atiende.
-Pero como pica…
-Ya…, (siguen las risas), pero tú te lo buscaste…
-Sí, ya…
-Atiende. Los conocimientos, de la forma en que el mundo está construido, los mismos libros, todo se aprende y son fórmulas para llevarlo lo mejor posible el tiempo que nos toque vivir. Y es cierto, todos tenemos acceso a lo que nos brindan, están ahí para ampliar conocimientos…
-Ya, pero como pica.
-Sí, claro. Quiero decir que se pueden aprender muchas cosas en este mundo de información o desinformación. Pero…la sabiduría, el verdadero saber de la experiencia, eso, hay que vivirlo…Como lo has vivido tú.
-Ya.
-Tú has aprendido y ya sabes, cómo o a qué, sabe una guindilla…Y eso es tuyo, es tu experiencia…De nadie más.
- Nosotros también nos hemos tomado una.
-Yo quiero una también…
-Jajajajaja…

(Entonces el cachondeo ya salió a borbotones.)

-Eh…chicos, chicos, podéis hablar, pero no habléis fuerte, no a todo el mundo les gusta que lo paséis bien. Además, ya son las doce y dema nos vamos de excursión.
-Pero, ¿nos dejas hablar un ratito?
-Claro, lo que queráis, pero despacio…
-Oéee!!!, ese sergi…nos ha tocao el mejor monitor…
- Vale chicos vale, sin gritar que nos oirán…

(Uno de los nanos abre la puerta todavía cerrada de la habitación del que se esconde…Y en una de las literas una sombra pillada in fraganti se sobresalta… )

-Jajaja, jajaja…He pillao al Jonhi, haciéndose una paja, jajaja…

(Ahora sí que el follón es imparable… )

-Qué dices… ¡Eso es mentira!
-Que sí, que te he pillao…
- Pero Jonhi, ¿te estabas haciendo una piña?...Mira que como manches la litera, te hago un nudo y se te acaban las exploraciones…

(La cabaña es una fiesta, los nanos se parten, hasta el Jonhi… )

-Pero ¿qué estáis bebiendo?
-Nada Sergio, es coca cola…
-¿Coca cola?, a ver… (Lo pruebo), esto es licor de algo, ¿lleva alcohol?
-Que va, que va…
-Seréis mamones…
-Ese Sergio, ese sergio…
-Venga, menos peloteo. Mira no toméis más, que luego no hay quien se duerma, va por favor, y bajar la voz…Yo me voy a duchar, cuando venga quiero que estéis en silencio, podéis hablar pero bajito, ¿vale?
-¡Valeee!
-Pues estamos buenos…ah, hacedme el favor de dejarme champú que no me lo he traído por fis…

(Como era de esperar, en una noche tranquila, nuestra cabaña está dando la nota… por fuera, la ronda del encargado del parque, al que afectuosamente los niños llaman: mister Proper, y que parece que vaya a heredarlo, recala su atención por el follón que se oye desde lejos, y entra decidido, en nuestra cabaña… )

-¡¿Qué está pasando aquí?!, ¡¿Qué es este jaleo?! Son ya las doce y cuarto y todo el mundo tiene que estar durmiendo…
-Nada José, es un poco mi culpa, estaba pidiéndoles el champú, que no me lo he traído y los he revolucionado algo…
-Nada, nada, tranquilo (me dice por lo bajini), yo tengo que hacer de poli malo…
-Ah, vale, pues yo me salgo, me voy a ducharme…
-Vale.

(Salgo de la cabaña al tiempo que la voz de mister Proper se incrementa… Y en la puerta escucho un poco como evolucionan mis nanos ante la acción policial… )

-A dormir, no quiero oír ni un alma…
-¿Eso se oye?

(Mister Proper se encabrona más aún… )

-¡Francisco!, Francisco se llamaba el niño del campamento del año pasado, el niño que mandé a dormir con Catalina, la burra…¡¿Quién va a dormir con Catalina?!
-Pues tú…

(No aguanto más, y me río mientras me alejo ante la respuesta valiente... Al volver de ducharme, el poli se había pirado ya, y al entrar, lo hago de sorpresa, para asustarles un poco…)

-¿Qué pasa, quién se viene con Catalina?

(Los niños al ver que soy yo esta vez, hacen un corro en torno mío. Alguno sofocado. )

-Lo voy a denunciar, el mister Proper ese, que se me quería llevar a dormir a la granja, el tío…
-No, pero eso lo hace para que guardéis un poco de orden, no lo decía en serio.
-Pues a mí me cogió y todo, para llevarme…
-Y qué, ¿te asustaste?
-Veas
-Experiencia, ya sabes, nunca deja de pasar…

(No pensaba yo continuar la represión y ante las emociones del día y los sobresaltos de la noche, me pareció una buena idea, contarles algún cuento, y saqué un par de libros… )

-Y bueno, lo del campamento de Diógenes, es porque, el filósofo Diógenes, vivía en un tonel medio desnudo…
-¿En un tonel?
-Sí…, vamos eso dicen, y hay otra historia en la que se le acercaba a Diógenes y su tonel, un tipo y le decía: “Pero Diógenes, no te da vergüenza…Todo el mundo se ríe de ti, acaso no te das cuenta…” Y él respondió: “Pues la verdad, yo me tomo en serio…”
-Menudo tío…
-Pues sí…
-Son cosas de la vida…, de la vida que nos hacen vivir. Pero la vida es más profunda de lo que nos quieren hacer ver
-¿Os cuento otro?
-¡Síiii!
-Venga, pues, ahí va otro…

Tomás de Aquino deja de escribir…
Cuentan las crónicas que Tomás de Aquino, uno de los teólogos (los teólogos son estudiosos de las religiones y de la unión de Dios con el hombre, religión significa, volver a unir…) un teólogo de los más portentosos de la historia, que hacia el final de su vida, va, y deja de escribir... Y su secretario se le quejaba de que su obra estaba sin concluir, que estaba por acabar. Tomasito le decía: “Hermano Reginaldo (este era primo de Ronaldo, nombres raros…), hace unos meses, celebrando la liturgia (la misa), experimenté algo de lo Divino (lo divino está aquí y es ahora, en todas partes, al alcance de nosotros mismos ahora). Aquél día perdí todas las ganas que tenía de escribir. En realidad, todo lo que he escrito acerca de Dios me parece ahora como si no fuera más que paja…”
Dice: ¿Cómo puede ser de otra manera cuando el intelectual se hace místico?
Místico es el que está en el misterio, el que ha dejado de formularse preguntas y ordenar hipótesis y se da cuenta, de que forma parte de algo en lo que participa, lo llama divinidad, siendo tal vez sólo: ser, y ser en todo, como todo es en uno.
Y dice: “Cuando el místico bajó de la montaña se le acercó el ateo, el cual le dijo con aire sarcástico: “¿Qué nos has traído del jardín de las delicias en el que has estado?”
Y el místico le respondió: “En realidad tuve intención de llenar mi faldón de flores para, a mi regreso, regalar algunas de ellas a mis amigos. Pero estando allí, de tal forma me embriagó la fragancia del jardín que hasta me olvidé del faldón”.
Los maestros de Zen lo expresan más concisamente: “El que sabe no habla. El que habla no sabe”.

(Ya hay menos comentarios de aprobación, el murmullo de mi voz acaba en su silencio y les va ganando a todos el sueño. Aprovecho la oportunidad… )

-Va otro.

Precursor es anterior al curso, anterior al propio camino incluso, que va delante o precede, la misma palabra lo dice. El prefijo pre, praecursor, esto se va a notar que lo he mirao, bueno…
Voy a leer un fragmento de otra cosa…Precursor, el que o lo que va delante.

La mente es la precursora de todos los demás estados. La mente es su fundamento y todos ellos son creados por la mente. Si uno habla o actúa con una mente impura, entonces el sufrimiento le sigue del mismo modo que la rueda sigue a la pezuña del buey.
La mente es la precursora de todos los estados. La mente es su fundamento y todos ellos son creados por la mente. Si uno habla o actúa con una mente pura, entonces la felicidad le sigue como una sombra que nunca le abandona.
“Me maltrató, me golpeó, me derrotó, me venció.”: quienes albergan tales pensamientos no se liberarán jamás del odio.
“Me maltrató, me golpeó, me derrotó, me venció.”: quienes no albergan tales pensamientos se liberarán del odio.
En este mundo, el odio nunca cesa a través del odio, sólo cesa a través del amor. Ésta es una ley eterna.

-Joder, ¿y quién escribió eso?
-Un Buda.
-Ese es el jefe de los budistas, que son chinos pero con túnica, ¿verdad?
-Sí…, más o menos…Ahí van un par más, cortitos…

En el siglo pasado, un turista de los Estados Unidos visitó al famoso rabino polaco Hofetz Chaim.
Y se quedó asombrado de que la casa de rabino consistía sencillamente en una habitación atestada de libros. El único mobiliario lo constituían una mesa y una banqueta.
“Rabino, ¿dónde están tus muebles”, preguntó el turista.
“¿Dónde están los tuyos?, le replicó el rabino.
“¿Los míos? Pero si yo sólo soy un visitante…Estoy aquí de paso…”, dijo el americano.
“Lo mismo que yo”, le dijo el rabino.

Este se titula: El Loto
Mi amigo me tenía totalmente asombrado. Estaba decidido a demostrar a toda la vecindad lo santo que era. Incluso se había puesto un ropaje adecuado a dicho propósito. Yo siempre había creído que cuando un hombre es auténticamente santo resulta evidente para los demás, sin necesidad de ayudarles a que lo vean. Pero mi amigo estaba determinado a proporcionar esta ayuda a sus vecinos. Llegó incluso a organizar un pequeño grupo de discípulos que demostraran ante todo el mundo esa pretendida santidad. Lo llamaban “dar testimonio”
Al pasar por el estanque, vi un loto en flor e instintivamente le dije: “¡Que hermoso eres, querido loto! ¡Y que hermoso debe de ser Dios, que te ha creado!”
El loto se ruborizó, porque jamás había tenido la menos conciencia de su gran hermosura. Pero le encantó que Dios fuera glorificado.
Era mucho más hermoso por el hecho de ser tan inconsciente de su belleza. Y me atraía irresistiblemente porque en modo alguno pretendía impresionarme.
En otro estanque situado un poco más allá pude ver como otro loto desplegaba sus pétalos ante mí con absoluto descaro y me decía: “Fíjate en mi belleza y glorifica a mi Hacedor”
Y me marché con mal sabor de boca.
Cuando trato de edificar, estoy tratando de impresionar a los demás.

-¿Otro más?

(Ya pocos me contestan, han ido cayendo poco a poco en los brazos de sus propios cuentos fabulados, tras su particular interpretación para el día siguiente. )

-Sí, otro más.
-Vale Lucas, uno más, que los demás ya duermen…

El Farsante
La sala estaba abarrotada, en su mayoría por ancianas damas. Se trataba de una especie de nueva religión o secta. Uno de los oradores se levantó para hablar, vestido únicamente con un turbante y un taparrabos. Y habló emocionadamente acerca del poder de la mente sobre la materia y de la psique sobre el soma.
Todo el mundo escuchaba embelesado. Al acabar, el orador regresó a su sitio, justamente enfrente de mí. Su vecino de asiento se dirigió a él y le preguntó en voz baja, aunque perfectamente audible: “¿Cree usted realmente lo que dice de que el cuerpo no siente nada, sino que todo está en la mente y que la mente puede ser conscientemente influida por la voluntad?”
“Naturalmente que lo creo”, respondió el farsante con piadosa convicción.
“Entonces”, le replicó su vecino, “¿Le importaría cambiarme el sitio? Es que estoy en medio de una corriente…”
Muchas veces he intentado desesperadamente practicar lo que predico. Si me limitara a predicar lo que practico, sería mucho menos farsante.

-¿Ya duermes?
-…Casi.
- Vale.

La tienda de la verdad
No podía dar crédito a mis ojos cuando vi el nombre de la tienda: LA TIENDA DE LA VERDAD. Así que allí vendían verdad.
La correctísima dependienta me preguntó que clase de verdad deseaba yo comprar: verdad parcial o verdad plena. Respondí que, por supuesto, verdad plena. No quería fraudes, ni apologías, ni racionalizaciones. Lo que deseaba era mi verdad desnuda, clara y absoluta. La dependienta me condujo a otra sección del establecimiento en la que se vendía la verdad plena.
El vendedor que trabajaba en aquella sección me miró compasivamente y me señaló la etiqueta en la que figuraba el precio. “El precio es muy elevado, señor”, me dijo.”¿Cuál es?, le pregunté yo, decidido a adquirir la verdad plena a cualquier precio. “Si usted se la lleva”, me dijo, “El precio consiste en no tener ya descanso durante el resto de su vida”.
Salí de la tienda entristecido. Había pensado que podría adquirir la verdad plena a bajo precio. Aún no estoy listo para la verdad. De vez en cuando ansío la paz y el descanso. Todavía necesito engañarme un poco a mí mismo con mis justificaciones y mis racionalizaciones. Sigo buscando aún el refugio de mis creencias incontestables.

-Y aquí termina…

Estoy empezando a reconocer mi espejismo, por tantas veces que he sufrido sus ensoñaciones, una palmera, otra, una vaga visión de todo lo que hay cuando no, cuando no nos fijamos, sin forzar la visión…, esta vida que es ir tras el oasis, con tanta sed como agujeros padece el cazo, de cada golpe. Y será de verme reflejado de tal forma conocida, lo de poder articularme en sensaciones y empezar con ellas a alzar mi mundo, uno con ganas que reparto, entre la tierra y el cielo, según sus ciclos.
Quedan atrás, las mañanas dedicadas a acompañar un grupo de niños y niñas, depende de sus vueltas al sol, y de enseñarles la cárcel de los pavos reales, o el zulo del cerdito, o ir al barco del capitán garfio (solo ahí soy capitán y tampoco, es de prestado), o al castillo encantado del duende Alfonsito, o a navegar bajo las aguas a bordo del submarino, y plantar un semillita que cuando se marchan hay que desenterrar, (“mirad en esta semilla, ya, esta todo el árbol”). No hace falta meterse en estos setservice de la “educación”, en la que los niños son el producto a facturar y uno es, el último mono.
Por cinco euros más, puedes pasarte dos horas recibiendo golpes de John Senna o Baptista en un parque de plástico. Y claro, aunque a uno le gustaría ser el Último guerrero (más de mi época), por el rollo indígena y el baile de sambito, me toca ser el tenebroso Enterrador (el único que hormonalmente aguanta) bombardeado por bolas o a lo sumo, Lobezno con sus garras de adamantium, arañando sus meridianos, en busca de las sonrisas de los críos. Nada nuevo. Y es que la escuela moderna, ha acabado siendo otra cosa. Y uno se va haciendo responsable, de algo que nunca pensé que pudiera ser, de dejarles el testigo en este mundo (no voy a decir, de mierda, por una nueva semántica, que categorice otras cosas), de habérselo dejado así.
Pero no me rindo, me tatué la valentía de los niños. Y hace algún tiempo que destroce todas mis puertas, para que pueda pasar cualquier cosa, entrar y salir.

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