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Browne

Calambres Exquisitos

Allí donde otros exponen su obra yo sólo pretendo mostrar mi espíritu. Vivir no es otra cosa que arder en preguntas. No concibo la obra al margen de la vida(Artaud)

jueves, 8 de noviembre de 2007

Peligro. Un poema de C.K Williams

PELIGRO

Difícil saber si el ser humano se muestra especialmente inquieto
con las crisis, calamidades, desastres, o si los desea inconscientemente.
Esos condicionantes tan horrendos, esos previsibles imprevistos,
los habitamos reculando, haciéndoles fintas,
endureciéndonos:
¿pero acaso no prevalece la corazonada sobre la inquietud?
¿acaso no resulta ese estar en guardia una señal del deseo?

¿Cómo podemos llegar a creer que la atención desmesurada
es el mejor modo de enfrentarse a las insinuaciones de la catástrofe?
Se estremece la conciencia: puede que el motivo no
sea tanto el miedo a lo que el futuro pueda o no pueda traernos
como el deseo de eso mismo mediante el miedo, la atención, el cuidado.
Como si la vida resultara más convincente silbando como una navaja.

Pero apenas nos precipitamos en los hechos más allá del tumulto doméstico,
que de por sí puede acarrear terribles consecuencias. Pocas
veces, por fortuna.
Y así sudamos fervorosamente
por los insípidos asuntos del honor y por las ambiciones
frustradas.
Perdemos la amistad. Perdemos la lujuria. Nos tragamos
nuestras pequeñas penas,
nos hacemos ver, ejecutamos nuestra danza de antipatías.

Siempre, "Esos gigantes inconcebibles".
Siempre, "¿Qué serían capaces de hacerme?"
Y así nos colocamos nuestra armadura mental,
nos doblamos y sentimos algo, el pago de la estricta atención
que siempre aguardamos.
Pero todavía una vigilancia tensa, la musculatura del peligro,
aún el secreto grito interior: ¿Qué más, no hay más?

De "Reparación". C.K Williams, Bartleby Editores.

1 Pulsaciones:

A las 12 de noviembre de 2007, 23:29 , Blogger Viktor Gómez ha dicho...

Safrika:

Primera vez que leo a C.K. Williams. Interesa releer, doblar las letras, repasar bajo el papel, horadar en el verbo y su accidente.

La paradoja y lo irracional, brazos de la energía que mueve la gran maquinaria, quizá no tengan tanta fuerza como la compasión, pero a menudo nos convencen de que pueden ganarle el pulso a la esperanza, o sustituirla. No saben, no saben que en el fondo son marionetas de un ciego apostol.

Vencidos, los vencidos saben de lo que hablo.

Tu Viktor

 

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