art

Browne

Calambres Exquisitos

Allí donde otros exponen su obra yo sólo pretendo mostrar mi espíritu. Vivir no es otra cosa que arder en preguntas. No concibo la obra al margen de la vida(Artaud)

lunes 28 de septiembre de 2009

Una víctima de (r)Aus-suisse

Tienes un número tatuado en tus rasgos faciales indígenas,
un número que te define, que te identifica, que te señala,
inherente a tu piel lo llevas clavado
con luces de neón ridículas que te añaden algunos para diferenciarte hasta en la noche.
Un número como los delincuentes o marginados de Auschwitz
que te distinga claramente de la masa para establecer una dicotómica separación.
Tú no eres de ellos,
el honesto y bienintencionado no puede quedarse en el campo de concentración de Europa,
en Suiza sólo cabe el inmigrante adinerado y el sabandija
tu número no entra en el límite aceptado de extranjeros al año
esta vez es el de afuera

el que tiene un número
y no el de adentro.
Las víctimas se quedan fuera
los verdugos dentro
raus! raus! raus de Suisse
te solicitan los orgullosos burócratas hipócritas del territorio con vallas alambradas alpinas
Sólo puedo decir, desde el cercado país
que te alegres de que el contemporáneo Auschwitz
no es para tí.

lunes 21 de septiembre de 2009

Ven, trágate con nosotros
el tenue céntimo que nos arrojaste.


Paul Celan.




..
El niño iba desnudo, no me propongo llamar la atención ni
explicitar lo conmovida que me sentí y lo extremadamente
sensible y buena persona que soy, rechazaré sus palmaditas en la espalda,
tampoco hago
poesía social o de campaña pero
el caso es que el niño iba desnudo, era pequeño tendría unos
dos años y medio o tres,
me tiraba con las manos de la falda y
me pedía dinero o comida en fin,
me giré para mirarle uno siempre
tiene una sonrisa para un niño, o casi siempre.
Tenía los ojos llenos de legañas,
los pies minúsculos y delgados
y yo

me fui corriendo - no podía más
me fui corriendo, no recuerdo haberle
echado unas monedas ni nada parecido, solo recuerdo que

me fuí
corriendo,

que lloré un poco, que después me duché y salí a cenar
a la terraza del hotel, un hotel asqueroso y hablamos de ello
de los niños sobre todo y del olor
del calor abrazándonos como una manta negra.

- es como acercarse a una hoguera -
- es como cuando hace poniente en valencia, pero sin aire-
- es enfermizo- esto hacia el final del viaje

Estábamos aparentemente contentos, compramos
hachís un hachís muy oscuro y divertido,

vimos películas en inglés
hicimos el amor,
hablamos de volver a casa,

yo pensaba en volver
a casa,

en que me sentiría bien al volver a casa,

pero estoy aquí y aunque he cambiado

los muebles de lugar y
tengo todavía quince días de vacaciones para leer,
escribir,
pasear e incluso ir a la playa en bicicleta,

no me siento bien, algo va mal. Realmente
algo
va mal,

y aunque no sabría decir qué es pienso constantemente en
el niño desnudo y pequeño, como una miniaturita viva
agitándose, tintineando con un ruido

como de clavos en una bolsa,

yo voy corriendo

y la bolsa
es mi cabeza.

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sábado 19 de septiembre de 2009

Los poetas

Los poetas escuchan y escriben sin cesar, sin miramientos y con una devoción santísima. Y construyen con palabras un mundo que se tambalea. Lo que ignoran los poetas es que otro mundo posible no solo se construye a base de versos, sino también con mucha magia y mucho dinero.

Enseñar

El profesor Nicolás Matos no estaba harto de sus alumnos, sino que estaba harto de su oficio. Los alumnos lo miraban ojerosos y aburridos, medio anémicos, con los brazos cruzados algunos, otros con la cabeza reclinada en el pupitre como en una almohada. Y Nicolás Matos, exaltado y con las manos en la cabeza, intentaba convencerles de que existía algo mucho más aburrido que aprender: enseñar

El padrino roñoso

El padrino roñoso en el bautizo de su sobrino desde la puerta de la iglesia lanzaba preservativos al aire para que todo aquello no volviese a repetirse nunca más.

White-collar workers

Y entonces sentí un alivio egoista, una felicidad sombría y prestada, al descubrir que aquella gente tan bien vestida era igual de desgraciada que yo.

martes 8 de septiembre de 2009

una teoría que explique la vida

Las llaves de la casa y del ajuar que permanecieron en el fondo del bolsillo han ido desapareciendo cada día. Los cabellos de aquella chica indómita descansan bajo la almohada como pequeñas bestias doradas asustadizas, temblando en un mundo para ellas desconocido y demasiado grácil. Los reporteros que vieron la sangre de los transeúntes hablan del corazón turgente, enchido, flaco pero candente de las mujeres horribles que vieron morir y que todavia hoy los acompañan cuando visitanlas plazas. Los lugares ficticios que nos ayudaron a amanecer han sido capaces de reinventarse en jardines públicos donde los perros orinan y los gatos van a morir con la dignidad de los elefantes ancianos. Ya está escrita la locura transitoria de los perros con correa cuyos amos se masturban desintereasadamente en sus salones de casa después del largo paseo matutino. El atentado fulgurante contra el estado y la constatación de que todavía somos una nación salvaje, no maleducada. Ha llovido estrepitosamente sobre la tristeza y la tristeza esta noche ha sido capaz de endurecerse y despeinarse con soltura y nos ha enseñado los senos que empiezan a desbarartar las autopsias de los tobillos. Ha sido realmente jovial la sonrisa de la tristeza cuando ha visto nuestras caras encendidas de rojo y amarillo y ha sabido al instante que los demonios se acercaban otra vez a la primavera visceral donde nadie quiere dejar huella sino en la entrepierna de los demás. Han venido auscultando la diversidad de la calle y han encontrado una ráfaga miserable que palidece bajo la carretera asfaltada y que una vez fue inspiración para otros que no recordamos. La infantil piedad a la que estamos sometidos. Los niños han aplaudido la decisión de extirpar los testícuos que les dieron amor y se sometieron a sus deseos con la paternidad irrisoria de los dioses. La acacia que vimos cerca del rio ha sido aislada en cemento y es una mancha verde alrededor del gris y los vecinos cuando se entristecen y se humedecen suben a ella con la intención de asesinarse pero la acacia no es lo suficientemente alta y hay un barrio lleno de muletas y gente cojeando porque las alturas a las que pueden llegar solo les da un poco de fracturas óseas, no la muerte. La muerte se instala lentamente en las yemas de los dedos que tocamos con nostalgia y remordimientos en las mesas y los relojes que otros utilizaron. No es necesaria esta situación inclemente de las nubes que las palomas van avisando con voz de niño enloquecido y rotatorio en los grandes monumentos de la ciudad. Han venido tres o cuatro nubes a explicarnos la conmiseración instantánea que debemos sentir hacia el prójimo y afortunadamente hemos sentido en las rodillas unos calambres tentadores de sierra y algodón que no han sido capaces de hacernos mover de la estantería. Han venido las capuchas de sarmientos retorcidos a explicarnos la belleza que se esconde en la uvas gloriosas, ha venido la mesa a explicarte el caos excitante del árbol virgen, ha venido el vaso a decirte cómo corta el cristal en las cuevas lejanas, igualmente vendrá una teoria que intentará explicarte la vida.

martes 1 de septiembre de 2009

Oda a Hugh Grant


Hugh, hagamos cuentas.
A mi edad
no es posible
engañar o engañarnos.
Fui ladrón de caminos,
tal vez,
no me arrepiento.
Un minuto profundo
una magnolia rota
por mis dientes
y la luz de la luna
celestina.
Muy bien, pero, el balance?
La soledad mantuvo
su red entretejida
de fríos jazmineros
y entonces
la que llegó a mis brazos
fue la reina rosada
de las islas.
Hugh,
con una gota,
aunque caiga
durante toda y toda
la nocturna
primavera
no se forma el océano
y me quedé desnudo,
solitario, esperando,

Pero, he aquí que aquella
que pasó por mis brazos
como una ola,
aquella
que sólo fue un sabor
de fruta vespertina,
de pronto
parpadeó como estrella,
ardió como paloma
y la encontré en mi piel
desenlazándose
como la cabellera de una hoguera.
Hugh, desde aquel día
todo fue más sencillo.
Obedecí las órdenes
que mi olvidado corazón me daba
y apreté su cintura
y reclamé su boca
con todo el poderío
de mis besos,
como un rey que arrebata
con un ejército desesperado
una pequeña torre donde crece
la azucena salvaje de su infancia.
Por eso, Hugh, yo creo
que enmarañado y duro
puede ser tu camino,
pero que vuelves
de tu cacería
y cuando encienes
otra vez el fuego,
como el pan en la mesa,
así, con sencillez,
debe estar lo que amamos.
Hugh, eso me diste.
Cuando por vez primera
ella llegó a mis brazos
pasó como las aguas
en una despeñada primavera.
Hoy
la recojo.
Son angostas mis manos y pequeñas
las cuencas de mis ojos
para que ellas reciban
su tesoro,
la cascada
de interminable luz, el hilo de oro,
el pan de su fragancia
que son sencillamente, Hugh, mi vida.


han venido