Augurios

Vas buscando abanicos de colores por la casa y encuentras aquel abanico gris que alguien se ponía delante de la boca todas las mañanas.
Las ramas de abedul secas y desordenadas en el descansillo de la casa aquella donde las armas prorrumpieron a gritos
Lloras unas pocas lágrimas y unas pocas abejas, las lágrimas se secan enseguida en los pañuelos, las abejas y su zumbido permanecen en la casa dos o tres días
Los abetos crecen derechos y altos como manos de mil dedos esperando un rayo o un beso que los haga vivir.
Día tras día te lavas las manos y los pies con la misma agua que sirvió para despojarte de la inocencia eléctrica.
¿Quién ha traído esa abubilla a la casa? Canta y se pasea con despecho por la cocina y se come a mis abejas muertas y me recuerda a los perdigones minúsculos que masticábamos sin querer cuando comíamos las perdices guisadas.
Las cartas de amor ya no traen hojas de olivo, ahora queda una sensación aceitosa en los dedos y en los trapos
Las figuras que forma el humo de los cigarros y el aullido de los perros te enseñan que predecir el futuro en casa es inútil.
¿Dónde vas a meter todo ese hielo que sale de las bisagras?
