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Browne

Calambres Exquisitos

Allí donde otros exponen su obra yo sólo pretendo mostrar mi espíritu. Vivir no es otra cosa que arder en preguntas. No concibo la obra al margen de la vida(Artaud)

miércoles, 2 de julio de 2008

ODA

Uno sabía
que había llegado el verano
enseguida también
por la fatiga de la anciana, vecina
beata del cuarto, por como subía
la escalera, con lentitud y en silencio. Por la
chica del calendario que colgaba justo
en la puerta metálica, del taller de la C/
Carretera Escrivá, chica
que solía ir durante los meses
de junio y julio casi siempre
disfrazada de indio, calle
que atravesaba
cada día sudado y veloz
(yo) al acabar las clases, cargado
con una,
mi mochila azul
y gris, y rígida y distinta de todas
las otras
mochilas del colegio.

Uno sabía
como vencer el aburrimiento
como espantar las moscas
como detener el tiempo
y resolver las dudas
sin abanicos ni crucigramas

Entonces
la gente aún tendía la ropa
a la vista de los vecinos y en el
barrio había
palmeras y pájaros
novias y bicis

Uno cerraba con pestillo la puerta
(siempre se quedó
sin arreglar y parecía
contrahecha
y vieja y chirriaba
llena de carcoma ) y tras ella, la vieja radio despertador
blanca señalaba la hora y el lugar.


Era significativo
el modo que uno tenía
de olvidar y sentirse
feliz y más ágil
cuando arrojaba los libros en la esquina más remota
de la casa, y murmuraba cábalas y rituales
que prolongaban el maleficio
lanzado contra
la escuela y los compañeros más altos,
y fuertes y guapos y alargaban
la longitud de la siesta, y ardían
como los restos en una pira,
los rostros de todos los verdugos troceados
en un sueño de barniz mientras
te despedías de arañazos y
bromas que huían
sin peso y ese vapor,
fúnebre de las esterillas
y los cuencos de agua
se evaporaba
de cara al infinito
subía desde la acera
caía
en los agujeros de la persiana
como un láser ultra violeta
el sol
y el aire
guiaba el aroma de la hierba
ultrajada
por el calor y el plomo
y traía
la música tenue
pero audible de forajidos y
zíngaros
que se ganaban
la vida cantando
en las cunetas

Reconocías que hacía poniente por el
reguero
de polvo
que se alojaba en tus
ojos depositaba lágrimas
tibias con sabor
a maíz sobre tus pómulos
por el agua fría
y el vino caliente


Partías de ti, y hacía el mundo y en una vida anterior
vivida en un mundo distinto, tal vez contiguo
imaginabas que en el Madison quien ofrecía un concierto eras tú el
que extirpaba de una Fender fabulosa
el sonido de una
bocina excitada
que enloquecía
a las criaturas histéricas, madres de las madres de otras
madres que perdían
el culo por intimar contigo
en el back stage.

Tu edad
eran todas las edades
tus ojos eran los ojos
del mundo.

Era evidente que algunos de los
muchachos ya sabían qué había
que hacer para deshacerse de la ropa
a dentelladas, soportaban
bien el sol, daban largos paseos
y abandonaban sus motocicletas en la orilla
de la playa
para entregarse a juegos y borracheras
prodigarse por sitios comunes
reuniones multitudinarias,
presentaciones de libros
y campeonatos de Europa

pero en cambio tú
conociste la felicidad así,
aguardando a que resucitasen
las palomas en tu
vientre a que te fuese
concedida una profecía a que se revelase
la sabiduría de los ríos negros y los muelles
que desafilan el cerebro

Tú apostando
por la quiniela con la que sabías
nunca podrías perder


recién venido, fugado del frío

lleno de aire
tiempo y esperma.

1 Pulsaciones:

A las 6 de julio de 2008, 17:48 , Blogger Cucaracha homicida ha dicho...

Suena a historia de Nápoles de los bares de después del taller. Y si lo lees escuchando algo de Beirut, en concreto "Elephant Gun", mejor que mejor.

Vaya que sí.

 

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