malditas despedidas, me están volviendo viejo
Centinela de un ruido distante.
Convaleciente por el último desertor extraviado en las almenas.
El índice alfabético
de los pesares de beatitud nostálgica y efímera como las armónicas de agua insepulta.
La certidumbre de un sabor extraño
repasa las líneas con agudas puntas que se han alzado esta noche insalubre o fértil.
Volverán a ser como antes los prismáticos de carne y las clavículas otoñales,
mordidas, recompuestas las horas minúsculas y trágicas de aquella traición.
Volverán a ser como antes y no te preocupes los dedos vírgenes de alfileres
tristes, iluminados por el candor irreparable y frágil de tu nombre.
Volverán a ser como antes y no te preocupes por mí esta noche primaveral
con margaritas aún no sepultadas las tristezas que vienen y van desde los columpios
donde las rodillas enrojecen en la tierra por saborearte los labios negros.
Volverán a ser como antes, el tiempo pasa, deshilacha las manos regaladas
devanando en los cuellos pequeños hilos de historias o corrientes.
Esta tarde fui a nadar. Te encontré en las partes inferiores de las cosas huecas,
te encontré en las despedidas de ciertos números y paradas.
La inocente repulsión de empezar a no quererte y saberme teléfonos de memoria